La hora final de Asad

16/Jul/2012

El Observador, Ricardo J. Galarza

La hora final de Asad

La mayor masacre en el conflicto sirio pone al régimen al borde del colapso
El Ejército mató a al menos 150 personas en Tremseh
RICARDO J. GALARZA ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
Las escasas agarraderas que sostienen al régimen de Bachar al Asad en Siria podrían terminar de desprenderse en las próximas horas. De confirmarse la peor masacre cometida por las fuerzas del gobierno desde que estallara la rebelión en marzo del año pasado, el apoyo de Rusia -que durante meses se ha opuesto a un cambio de régimen en Siria promovido por Estados Unidos y la OTAN- podría desvanecerse rápidamente; y Al Asad tendría las horas contadas en Damasco.
Al cierre de esta columna, todos los reportes desde Siria coincidían en atribuirle al Ejército una matanza de por lo menos 150 personas (la oposición siria afirma que son 220) en el poblado de Tremseh, al norte de Hama. El régimen alega que los responsables de la masacre son grupos terroristas que se apoderaron del pueblo y ultimaron a decenas de civiles con el fin de desprestigiar al gobierno.
Como sea, el apoyo de Moscú va a quedar ahora muy diezmado, en momentos que resiste la mayor presión de las potencias occidentales en el Consejo de Seguridad de la ONU para imponer nuevas sanciones al régimen de Al Asad. Vladimir Putin había operado con denuedo esa férrea postura de la diplomacia rusa, incluso desde antes de asumir por tercera vez la Presidencia a principios de mayo; y en febrero había logrado asestarle a los países occidentales un doble veto, junto con China, en el Consejo de Seguridad a una resolución que exigía la dimisión de Al Asad.
Putin consideraba una traición la intervención de la OTAN en Libia, después de que Rusia se había abstenido en esa resolución en marzo de 2011, y no estaba dispuesto a dejar que sucediera lo mismo en Siria, país al que Moscú considera un aliado estratégico, con el que mantiene su eje de influencia en Medio Oriente junto a Teherán.
Así, se había mantenido firme todos estos meses con el fin de evitar que le instalaran en Siria un régimen pro Washington, que con Irak de su lado, inclinaría la balanza a su favor en la región. Y China secundaba a Moscú en esa parada a fin de sentar un precedente de no intervención en el Consejo de Seguridad que le servía para desalentar algo similar en su propia zona de influencia.
Sin embargo, en los últimos días y ante la escalada del conflicto en Siria, Rusia había empezado a dar señales de acorralamiento en su postura, aunque hasta el jueves mantenía su negativa a las sanciones contra Siria en el Consejo de Seguridad, tras la primera ronda de negociaciones para extender la misión de observadores.
Ahora el impase podría romperse. Moscú pide que se investigue la masacre de Tremseh y se establezcan responsabilidades. Pero cada vez se le hace más difícil sostener a Al Asad. El lunes viaja el enviado especial de la ONU Kofi Annan a Moscú y, después de lo ocurrido, Putin no va a tener más remedio que recibirlo. Hasta el jueves, mientras Annan decía que esperaba reunirse con el presidente ruso en su visita, desde Moscú se anunciaba que el que lo atendería sería el ministro de Relaciones Exteriores, Sergei Lavrov.
Tal parece que Putin va a tener que reprogramar su agenda del lunes, si no es que lo hace antes mandando a sus diplomáticos a cambiar el voto en el Consejo de Seguridad.
Al mismo tiempo, Al Asad acaba de perder a uno de sus hombres más importantes en el frente interno. La salida de Siria en los últimos días del general de Brigada Manaf Tlas, un encumbrado miembro del Partido Bath cuya familia siempre había sido el sostén del régimen alauita de los Al Asad con la mayoría sunita, ha dejado un gran vacío con esa comunidad. Y ahora varios sunitas han empezado a abandonar el barco.
La pinza se cierra sobre Bachar al Asad, que en este momento parece tambalearse como no lo había hecho en los 16 meses que lleva el conflicto.